Alaluz

En busca de la Aleteia

Pequeños placeres

Debo confesar que hay dos grandes placeres que me hacen ir al centro de Santiago:

  1. Cortarme el pelo
  2. Lustrarme los zapatos

Sí. Sé que suena raro, pero hoy venía reflexionando lo agradable que es sentarse a que te atiendan y que, por un momento, el ajetreo diario se detenga.
Cómo no quedar contento cuando los zapatos que se caen a pedazos quedan como nuevos, mientras al lustrar te masajean los pies ¿ah?. Y el corte de pelo es una de las experiencias más agradables que hay… yo casi me quedo dormido cada vez que me recorto la melena.
Debo dejar constancia que mi peluquero es uno de los tradicionales, de esos que quedan pocos. Atiende en la galería que hay en la esquina de Tarapacá con San Diego… hasta hace un par de años se mantenía como debían ser las antiguas peluquerías. Hoy se ha modernizado algo, pero sigue siendo igual de agradable. Espejos grandes, sillas del año de la pera (de esas que suben y bajan, que parecen de ejecutivo y que son super cómodas) y el peluquero: un caballero entrado en años medio peladito, muy digno, con su bigote cuidadosamente recortado y ordenado, con delantal blanco -de los que se cierran a un costado- y con su arsenal de maquinitas y tijeras para combatir mis cabellos rebeldes.
Agradable conversación (si es que quieres conversar, porque si no, es calladito) y un buen trabajo. Vale los $ 2.500. Yo no me corto el pelo en otra parte. Sería dejar de avalar a una leyenda sonrisa.gif

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