Cantando en los Oscar

Medio dormido, el otro día vi un pedazo de los Oscar… justo con la mala pata de ver la versión de Santana y Antonio Banderas de la canción de “Diarios de motocicleta”.
Con la bruja nos mirábamos y le comentaba: “No puedo creer que la canción sea tan mala”. Definitivamente estabamos asistiendo a un asesinato, con premeditación y alevosía, y transmitido a todo el mundo.
¿A quién se le ocurrió que Banderas cantaba? ¿Acaso se creyeron el cuento del “Desperado” y de “Shrek 2”? ¿Y qué diablos estaba tocando Santana? Punteando unas “improvisaciones inspiradas”… la canción no tenía ni patas ni cabeza, sonaba como las berengenas y se me hizo insoportable de seguir viendo-escuchando. Por eso me perdí la premiación, en la que (leí más tarde) el autor cantó un pedazito en forma de protesta.
Como dijo un amigo… si vendía, era buena. “Es que aún somos muy ingenuos por acá”, remató.
Pero que era una pésima versión, lo era.

4 comentarios en “Cantando en los Oscar”

  1. He recogido esto de Luces de babilonia.
    AND THE WINNER IS… Betaville nunca ve la ceremonia de entrega de los oscars. Una vez pronunciada la frase lapidaria, este cronista rogaría a sus potenciales lectores que no se apresuren a acusarlo de esnobismo cultural, pues sus motivos son de naturaleza mucho más prosaica. Por una parte, a uno no le gusta trasnochar más de lo estrictamente imprescindible, es decir, los sábados, cumpleaños y otras fiestas de guardar. Por otra parte, aun cuando, al día siguiente, podría ver la emisión en franja infantil y tolerada para todos los públicos, le invade una desidia equiparable a la abulia noventayochista y/o la noia leopardiana. Y es que contemplar la gala de los oscars a toro pasado resulta tan infumable como leer una novela policíaca después de saber que fue el mayordomo quien liquidó al noble de vida disipada. Además del inevitable desequilibrio temporal que provocan los programas en diferido, uno debe vencer el tedio que le suelen causar tales eventos. De hecho, la mezcla entre el enigmático humor americano y el autobombo, platillo, pompa y circunstancia que requiere la ocasión forma un coktail extraño, y a menudo letal. Invocaremos de nuevo, pues, a la sacrosanta tía Colata para resumir en unos pocos párrafos el balance de los oscars 2005.

    Extraído de Luces de Babilonia | http://www.bestiario.com/luces

  2. Soy uruguayo y me encanto el remate que le dio el autor al utilizar una estrofa envez de hablar como hacen todos los que no saben ni que decir.

  3. Yo ví la presentación de Banderas/Santana… y sí… fue un verdadero bodrio… además que estaba con la expectativa de que no habían dejado cantar a Jorge Drexler (autor del tema principal) porque en USA no lo conocía nadie… y se echaba a perder el espectaculo.
    Bueno… esperé la premiación a mejor tema original de película, tan sólo porque SABÍA que el tema de Drexler ganaría y quería saber que haría en el escenario. Tomó el Oscar y simplemente CANTÓ… con el alma y dejando bien claro que la canción merecía ganar porque es un bello tema y sólo su interprete original sabe darle ese toque de intimidad y profundidad.
    Los Oscar son una mierda, pero al igual que el Festival de Viña, no puedo dejar de verlos. No me gusta que me cuenten que fue malo, necesito verlo. Uno de mis fetiches, 😛

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