Alaluz

En busca de la Aleteia

Gladys Marin II

Cuando pienso en Gladys Marín, recuerdo una sola cosa. En realidad, un hecho. En ese tiempo yo trabajaba en la televisión comunal de Ñuñoa, y estaba cubriendo un acto sobre derechos humanos. Andaba con mi camarógrafo captando imágenes y de pronto la vi.

Era pequeñita. Parecía desvalída. Estaba sola en medio de la multitud.
Y yo, pendejo creyéndome más allá del bien y del mal, con la mentalidad de que esta cosa ya estaba superada, que hasta cuando, que para qué le voy a dar tribuna a esta mina que huevea y huevea, y que aquí y allá… la ignoré. Así de simple. La dejé ahí, con una cara de estar esperando que viniera con mi cámara y le preguntara algo… y lo que más me sorprendió -y me dejó marcando ocupado hasta el día de hoy- fue la indefensión que proyectaba. Algo así como “dependo de tí”.

Gladys Marín fue una mujer consecuente, luchadora, que fue un ejemplo para todos por su tenacidad… y personalmente lo que más me sorprende es cómo lo hizo teniendo a tanto poderoso en su contra, siendo una mujer tan frágil.

Hoy lloro su partida, y lloro porque fui un cobarde en su momento. Huevón universitario de una privada, trabajando en la televisión (aunque fuera comunal), creyéndose un semidios, dejándola botada cuando había tanto que decir.

Lo siento Gladys. Sólo puedo decir que desde que tomé conciencia de eso (hace varios años atrás), lucho por no repetirlo. Esa es la huella que dejaste en mi, tu legado personal para mi vida.

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