Alaluz

En busca de la Aleteia

Siempre digna, siempre dama

Ayer salí cabizbajo, sorbiendo los mocos y aún poniendo en su lugar a mi cabeza, rumbo a tomar la micro. Justo esta semana me tocó ir donde un cliente y cuasi pernoctar allá, mientras hago un desarrollo. Y de nada ayuda el andar con fiebre y andar oscilando entre los 39.8º y los 36.1º.

La cosa es que andaba más lento de de costumbre, envuelto en mi bufanda y con mi sombrero de indiana jones hasta las orejas, pues hacía bastante frio. Y me disponía a cruzar la calle cuando pasa un auto rajado y pega un frenazo. Bueno, resulta que yo sí había visto el auto, y calculé cruzar cuando ya había pasado, cosa que normalmente se hace. Pero parece que el automovilista pensó que era un suicida en potencia y pegó el frenazo. Debo dejar consignado también que el auto se venía en diagonal (o sea, pasando de una pista a la otra) a causa de un auto estacionado por el lado de la vereda en que me encontraba.

Bueno, la cosa es que cruzé y caché que el conductor era una mina. Y que me gesticulaba como loca. Entonces yo le hice señas, apuntándome a los ojos y asintiendo, queriendo decir “te ví”. Fue cuando bajó el vidrio… y abrió la boca. La sarta de florituras habrían puesto colorado a Daniel Vilches, el académico de la lengua. “¡Qué te pasa ahueonao, conchetumare!” fue lo más bajo que me gritó. Y yo, en la vereda del frente, con dolor en el pecho, la cabeza zumbando y luchando para que no se me cayeran los mocos. Y sólo le decía “Te ví”. La mina enardecida seguía gritando y sacó respuesta: “¿con esa boquita besa a su madre?”. Más garabatos, con fuerza redoblada. “Siempre señorita ¿eh?”, le tiré. Y parece que eso sí que la sacó de sus casillas porque me lanzó un “ven pa cá conchetumare”… y fui pa llá.

Entendámonos. La mina era alta y flaca, de esas consumidas por el stress. Probablemente una profesional sin vida propia. Le miré las manos y parecían ramitas. Me imaginé que si le daba un pequeño apretón se las quebraría, e inmediatamente pensé que ella también debía haber pensado lo mismo. Y si sumamos que cuando me pongo tres capas de ropa, bufanda y un chaquetón, no me veo precisamente enclenque. Asi que decidí jugármela en la psicológica. Crucé de nuevo la calle hasta su auto, levanté mis dos brazos, como si la fuera a sacar por la ventana. La mina hizo un movimiento como si quisiera echarse al lado del copiloto, pero no metí los brazos, sino que me apoyé en la puerta y le solté, con la voz más controlada y amable que pude: “Te dije que te ví”. Acto seguido di media vuelta y volví a cruzar la calle.

Entonces la mina reaccionó (lógicamente, cuando ya había distancia entre nosotros). Siguió la sarta de garabatos y salió con un derroche de ingenio: “¡Si no usaras lentes te pego un combo en el hocico!”. Casi me largo a reir ahí mismo. La respuesta inmediata, casi sin pensar fue “¿Tú y quién más?”, y parece que fue ají en el poto. Pero andaba apurada la señorita, por lo que comenzó a avanzar mientras seguía puteando. Y mientras lo hacía, yo me reía y le recordaba lo dama que era. En algún momento debo haber tocado otra fibra porque hizo el amague de parar de nuevo, pero habría quedado en la mitad de un cruce. Lástima, porque me faltó decirle: “Siempre digna, siempre dama ¿eh?”.

Luego lo comentaba en el trabajo y cada vez me parecía más tirada de las mechas la situación. O la mina era muy histérica y no media consecuencias, o estaba buscando que le sacaran la cresta para interponer una demanda. En todo caso me alegró la mañana. lentes.gif

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