Paint ball

imagenEl sol pegaba fuerte a esas alturas. Ya era el mediodía y el mono de camuflaje que además servía de protección no era muy fresco. El sudor mojaba el cuello acolchado y escuchaba mi respiración amplificada. La máscara es un buen elemento de seguridad, pero de comodidad no tiene mucho. Además no tenía visera y algunos restos de pintura me había salpicado las antiparras. Nada que hacer. Si trataba de limpiarla sería peor. Además no podía distraerme. Tenía a 5 enemigos cerca, listos para coserme a balazos.
Escuchaba que se movían, pero no sabía dónde. Me asomé por entre los arbustos y sentí el ruido del CO2 empujando la bola de pintura y alcanzé a cubrirme. Pasó cerca. Inmediatamente respondí al fuego, sin apuntar, pero logrando que se replegaran. En eso alguien gritó “¡Z!”. La señal de mi equipo, que alguien había capturado la bandera enemiga. Había que buscarlo y defenderlo.
Disparé algo más y seguí avanzando. Y allí estaban, justo delante mío, parapetrados en una piedra y recibiendo el fuego enemigo. El que me había disparado estaba en linea recta, tras una gran roca, cubriendo el camino y también tratando de darle. Otro de mi equipo estaba tras unos arbustos. Les grité que los cubría y que se movieran, al tiempo que disparaba para mantener al otro equipo con la cabeza gacha. Logramos avanzar un poco mas.
imagenYo seguía cubriendo, en cuclillas a una orilla del camino. A mi izquierda dos miembros de mi equipo le disparaba a alguien que se encontraba en los arbustos en linea recta desde mi brazo izquierdo. Yo no lo había visto. Por suerte le dieron. Yo seguí en lo mio, defendiendo al que tenía la bandera. De pronto, se me acabaron las balas. Maldición. La base enemiga estaba menos de 20 metros y no podíamos llegar. Corrí de vuelta a mi base, recargué munciones y volví al puesto. Ahora sólo quedabamos 3 de los 6 originales. Y el de la bandera seguía sin poder avanzar. El enemigo estaba bien fortificado. NO había nada que hacer. Estabamos buscando una estrategia cuando el árbitro gritó “¡Un Minuto!”. En sesenta segundos se acababa la partida. Miré al chico de la bandera. “¿kamikaze?”. “Démosle no mas”, me respondió”. Ok. A cubrir entonces. Me levanté y comencé a correr, disparando al más cercano, que estaba tras un árbol. Parecía que podríamos lograrlo. Entonces mi arma se trancó. No salían las balas. Y ¡paf!¡paf! una bala en cada hombro. Quedé eliminado.
Ayer domingo tuvimos 6 de esas partidas. Me invitaron a jugar Paintball en los faldeos precordilleranos de la zona de “Lo cañas”, de walker martinez para arriba. Dos equipos de 15 personas cada uno, en un terreno abrupto y sin marcar, en pendiente y llenos de arbustos y árboles. Entretenido, muy entretenido. Como para repetirlo… pero no muy seguido. Los balazos, aún cuando son de pintura, duelen… y dejan marcas. Miren la foto no mas.
Aclaracion: Las fotos no son de la partida ni de mis medallas. Las puse sólo para graficar.

3 comentarios en “Paint ball”

  1. aunque sea de corte “violento”, me parece de lo más divertido ese juego.. ¿el equipo de arrienda o hay que comprarlo? ¿existe algún lugar especial para eso o sólo se juega a lo amigo? No sé, de repente, eso de estar en la “guerra” me da ilusión, ya ves, contradicciones vitales de una pacifista empedernida.

    Cariños y que te recuperes héroe del acrílico.
    P.

  2. En mi caso, lo arrendé. Pagas la tarifa y se ponen con el mono (el traje), la máscara, los guantes, la pistola y 50 balas. Tendría que preguntar quién organiza, aunque quizás la gente que me invitó tome la inicativa y comienze a organizar por sí misma. Te cuento si sé algo 🙂

Deja un comentario