El bien y el mal

Esta entrada es la parte 7 de 14 en la serie Profilaxis Social

¿Por qué la gente sin escrúpulos escala en la sociedad? Simple. Porque precisamente no tienen escrúpulos. Porque no hay ataduras a nada que no sea uno mismo.

Ya lo comentaba con amigos: los que predicamos la tolerancia estamos en dificultades, pues tenemos que tolerar hasta lo intolerable. Pero ¿debe ser tan así?

Una cosa es ser espiritual, y otra huevón. Porque ¿debo poner la otra mejilla aunque me vayan a arrollar? No lo creo. No soy Gandhi, no tengo alma de martir y no estoy dispuesto a que me pasen por encima.

¿Cuál es el justo punto medio? Uno tiene un ideal al cual se aferra, una imagen de lo que quiere llegar a ser… y trabaja para tratar de lograrlo.

A veces siento que las restricciones que nos autoimponemos son cadenas de las cuales debemos librarnos, pero otras veces siento que son elecciones propias, que nos diferencian del caos y de lo amoral. Porque creo firmemente en que hay una diferencia en las opciones que tomamos.

Según algunas filosofías las emociones son algo de lo que debemos prescindir, que no existe el bien ni el mal, que todo es relativo… pero hay algo que me dice en mi interior que las cosas no son tan así.

He tenido esta conversación una y otra vez, y siempre llego a lo mismo: si el bien y el mal no existen, entonces que haya existido Hitler y cometido esas barbaridades, daría lo mismo ¿no? Si es así, podría hacer lo que se me venga en gana, incluyendo matar, mutilar, violar, robar, etc.

Quiero creer que aún cuando las interpretación de las cosas depende del observador, hay cosas que marcan el límite entre lo “bueno” y lo “malo”. Quizás el problema radica en la definición de “bueno” y “malo”. Para mi, lo bueno es aquello que me hace evolucionar como persona y ayudar a mi entorno. Con esta definición operativa, puedo distinguir qué acciones son buenas y cuales malas. Y claramente el matar, joder a los demás, etc, etc, etc, son malas.

Se dice por ahí que los actos que atentan contra el libre albedrío de los demás sería lo “malo”, lo que calza con mi interpretación. Pero permitir que en nombre del libre albedrío, otro haga lo que se le venga en gana… es un problema. ¿Debería, por ejemplo, respetar el libre albedrío de los ejecutores en los campos de concentración, que les permitía matar? ¿Y si los detengo, hago cualquier cosa para evitarlo, estoy violando su libre albedrío, siendo también yo malo por ello?

Creo que es algo demasiado simplista. Al fin, hay cosas que se deben hacer. Y ser castigado por hacer algo que se sabe se debe hacer pero que nadie quiere ensuciarse las manos con ello… me parece injusto.

El problema de este razonamiento es que es facilmente utilizable para justificar asesinatos políticos, operaciones encubiertas, etc.

Entonces ¿cual es la respuesta? ¿Ser tan conciente de que mis acciones repercutirán de cualquier forma en el libre albedrío de los demás que me paralize y ni siquiera quiera ayudar a alguien tirado en la calle, por el compromiso que ello implica?

No sé. No lo creo. Asi que sigo buscando.

Otros artículos en la serie<< El enemigo interiorPsicópatas y Sociópatas >>

5 comentarios en “El bien y el mal”

  1. Un límite más claro que el libre albedrío es no dañar a otros.
    Y en cuanto al tema de detener a los asesinos y ese tipo de gente, uno puede por su propio libre albedrío, elegir detenerlos, no?
    Y entonces con eso quizás se genere karma positivo para uno….
    Se supone que el karma es la ley del equlibrio, si yo mato a uno que ha matado a miles, genero más karma positivo que negativo.

  2. El libre albedrío nos fue entregado para que tuviesemos oportunidad de elevarnos espiritualmente. No obstante, matar a otros, o violar las leyes, no de los hombres, si no las Divinas, supone una carga que no estoy dispuesta a pagar. No importa que le hagas a otra persona; si la humillas serás humillado; si le robas, te robarán; si lo matas, morirás a mano de otro. Por otra parte, si ayudas a tus semejantes, cuando te encuentres en un momento malo, alguien vendrá a ayudarte; si eres capaz de dar una sonrisa cuando otros te odian, eres el ser más increible que existe sobre la faz de la tierra y serás recompensado con ello. Ese es el equilibrio y es duro la mayor parte del tiempo. El que pretende respetar las Leyes Divinas, no puede interferir en ellas. Aquel que mata a miles, ya tendrá que rendir cuentas. Nosotros no somos ejecutores, ni jueces… para eso están los de arriba. Muchas dudas me asaltan al respecto. Si veo que se está cometiendo un crimen, me veo en la necesidad de interferir y con ello ¿que estoy consiguiendo para mí?

  3. Muy bueno el artículo, lo comparto asi plenamente, porque vaios estamos en la misma búsqueda…es como preguntarse cual es la verdad?, creo que se acerca a la verdad cuando los hechos analizados en su contexto y demostradçbles sobre la mesa, definen la verdad de una acción concretada, e indiscutible a la luz de las acciones de los involucrados, el resto…quizás tendrá “su verdad”, y esa quizá esté relacionada con su propio juicio del “bien y el “mal”. Como es imposible ser dueños de estas verdades, creo oportuno meditar sobre lo sigueinte, hay verdades innecesarias…porque pueden producir mas daños en el camino…y no llevar a nada bueno….y hay mal para unos, (según su dogma personal) y bien para otros según su pragma personal, finamelnte, pienso que , si haz de abrir tu boca para contar algo que sembrará dolor y angustia…estás haciendo mal…y que antes de caer en esas prácticas, esperemos que haya evolucionado tu propia conciencia….esa que te dé una tabla de valor inspiradora y ya señalada antes tantas veces por los mas tolerantes y sabios quizás…..antes de actuar de palabra, acció o pensamiento, piensa 10 minutos, si lo que vas a hacer hacia otro u otros, te gustaría que lo hicieran hacia ti!!!, quizás en la mayoría de los casos…decistas y te muerdas la lengua…o guardes la mano para arrojar la piedra.

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