Vivir de los recuerdos

Esta entrada es la parte 6 de 11 en la serie Yo y yo mismo

Venía en la micro cuando me fijé en un socio que llevaba un polar con la leyenda “4º C”. Y mi primera reacción fue decirme a mi mismo: “qué patético”.

Para quienes no saben qué significa la sigla les cuento: acá en Chile, y en santiago sobre todo, se estila que cuando una generación sale del colegio, se manden a hacer poleras, polerones, chapitas, gorros, etc, con el nombre del curso, un monito alusivo y a veces con el nombre de los integrantes del curso. En todo caso, una práctica simpática.
Por eso me llamó la atención que lo calificara de una forma tan fuerte.

¿Por qué? Asi que procedí a revisarme.

El logo en sí es inofensivo, pero lo que me representó fue la idea de vivir del los recuerdos. Es decir, reemplazar la experiencia actual por la vivida.

Pero al mismo tiempo, continué razonando, son los recuerdos los que definen quiénes somos. Soy el producto de mi historia, y es el bagaje de lo vivido lo que me hace ser este yo en particular. Sin recuerdos, no soy. Por lo menos no el que soy en este momento.

Lo que me lleva a la paradoja. Si vivimos con nuestros recuerdos ¿por qué me pareció tan mala la idea de vivir de las memorias?

Creo que la respuesta es el replazo de “CON” por “DE”. Es bastante distinto tener nuestras memorias presentes, pero estar en el ahora generando nuevos recuerdos, que vivir en el pasado con la vista pegada en lo que fue.

Creo que allí radica mi respuesta visceral. Es mi negación a estar pegado, a no avanzar, a perderse el ahora por el ayer. Pero al mismo tiempo es la comprobación de mi contradicción, pues soy un convencido que no debes olvidar el pasado, pues sin él no tenemos futuro.

Entonces, resumiendo, probablemente me dije que era patético porque yo mismo estoy en la paradoja. O sea, hice el juicio sobre mi mismo. Ouch

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Una respuesta a “Vivir de los recuerdos”

  1. Coincido contigo en la idea de que, si bien no se debe olvidar nuestr pasado, nuestra historia, no debemos vivir pegado a ella.
    Una sensación similar a la que tuviste tú con este personaje que andaba con su polar fue la que yo he tenido con mis amigos que me dicen “que ganas de volver al colegio”, ” no quiero terminar de estudiar”, “que ganas de ser chico de nuevo”…
    Para mí, pese a que considero que tuve una infancia genial, una adolescencia muy entretenida y, en general, una muy buena vida, no quisiera por nada volver atrás. No quiero perderme las etapas que vienen y me gusta vivir a concho cada edad.
    Tengo la dicha de poder decir orgullosamente mi edad y no sentir la sensación de estar vieja. Por el contrario, cada año que cumplo es la edad exacta que quiero vivir.
    No creo que sea patética la paradoja. La reacción tan fuerte que tuviste al ver a esa persona creo que es porque simplemente hay tantas situaciones que nos parecen absurdas (bajo nuestro muy especial y particular prisma) que uno tiende a perder un poco de tolerancia ante lo que catalogamos como estupido… tal vez el tema no sea el entender esta paradoja del CON y el DE, sino trabajar nuestra tolerancia con un mundo que no piensa ni ve la vida de la misma forma que uno.
    Cuesta la empatía… a mi me cuesta por lo menos. Pero es la única forma de vivir más o menos sin tanta mala onda. Vale la pena tomarse el tiempo. 😉

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