Buscando la Alétheia

Mes: febrero 2008

El punto donde no das más

Existe un punto en que el cansancio físico gatilla algo dentro de uno. Y no me refiero a físicamente, sino que en un sentido casi espiritual. Hace unos años pasé ese punto en un raid de 44 kilómetros de cuestas en 35 horas, y la brujis los hizo hace un par de semanas en nuestro segundo raid en el Chaltén, 22 kilómetros en 9 horas.

En aquel Raid recuerdo (el de 44 Km) que el sol pegaba fuerte y todo era subida. Sumemos que iba a cargo de niños y tenía que ir arreando (es decir, avanzaba, retrocedía, avanzaba, retrocedía), y también tenía que cargar las carpas que iban quedando botadas en el camino. Los tábanos hacían nata y nos tenían a todos desesperados pues cada uno llevaba su nube particular alrededor. Además el cuento era de orientación por mapa y brújula, pues nos fuimos por un camino que no se usaba, y en el que teníamos que pasar a campo traviesa por muchas partes.

Entonces, en plena desesperación de seguir caminando y llegar a tiempo a la meta, algo en mi cambió. Fue de un momento a otro. No hubo transiciones, ni nada gradual. Fue de sopetón. El cansancio ya no importaba; el calor no importaba; el sudor quemándome los ojos y las zonas donde las correas de la mochila y los elásticos apretaban tampoco importaban; el hambre aún seguía ahí, pero la podía observar sin que interesara nada. En suma, seguí experimentando todas las molestias físicas, pero ya no me sentía miserable. De hecho, dejé de pensar. Todo lo que existía en el mundo era el siguiente paso. De pronto dejé de proyectarme y comencé a vivir el aquí y el ahora. El diálogo interno se detuvo y de pronto hubo silencio en mi cabeza.

Tuve la comprobación de que al alcanzar el punto en que creía que no podía dar más, podía continuar sin parar. Y no sólo por un minuto, sino por horas y horas y horas.

Todos los que vivimos ese raid volvimos cambiados. A una chica se le acabaron los ataques de pánico: cada vez que se le acercaba un tábano entraba en colapso, pero habían tantos y por tantas horas, que se vió colmada su capacidad de tener miedo y terminó entregándose, dejando incluso que la picaran sin mover un dedo para impedirlo. Y al final fue la que caminó más rápido, con más energía y que rindió mas. Y se sintió otra al volver.

Cuento esto por que la brujis experimentó algo similar cuando veníamos de vuelta de la laguna torre, en el Chaltén, Argentina. Las condiciones del raid eran distintas, pero para alguien que no hace mucho ejercicio era bastante exigente. Fueron 11 kilómetros desde el punto de partida (a alrededor de un kilómetro de nuestro campamento base) por un camino con pendiente suave, algunas bruscas subidas y lluvia. Mucha lluvia. No cargábamos peso, sólo pequeñas mochilas de trekking, pero la brujis estaba con un dolor de rodillas que hacía una tortura bajar los escalones en las zonas boscosas, además de tener un problema con la columna que provoca mas de un atado. La cuestión es que se lo sufrió todo en el viaje de ida… hasta que de pronto alcanzó el famoso punto. Y al parecer toda la experiencia cambió en ese momento. Las rodillas seguían doliendo, pero ya no importaba. Las molestias continuaban, pero ya no eran algo de lo que preocuparse. Y nuevamente comprobé que algo cambió en ella. Es algo sutil, muy dificil de identificar, pero se siente en la persona que lo experimenta.

Después de la experiencia hicimos un tercer mini trekking al mirador de los cóndores, con una cuesta maldita. Fueron 40 a 50 minutos de subida en alrededor de 45 grados (si no 55). Y me imaginaba cómo iría a sufrir por las rodillas la brujis. Pero me preocupaba por nada. Aperró y disfrutó el viaje ¡y ahora quiere salir mas seguido! 😀

En resumen ¿qué es lo que cambia en uno? Creo que la respuesta es dejar de pensar y entregarse al momento. Detener el diálogo interior trae una gran paz, tranquilidad y confianza en sí mismo. Dejas que el cuerpo tome el control y vas a su ritmo. Te conectas nuevamente con él y descubres su sabiduría. Te dejas llevar y fluir. Un estado que algunos buscan con años de meditación en una caverna, puede ser alcanzado con el agotamiento. Algo que no es desconocido por las artes marciales.

Termino el post con unas cuantas fotos de la experiencia.

Raid de Puerto varas, 44 kilómetros en 36 horas:

El Chaltén. Estos fueron los raids que hicimos. El de 22 kilómetros en 9 horas es el de la línea larga de abajo hacia arriba (que a mitad de camino dice «mirador cerro torre»)

Fotos del viaje


Camping municipal, gratuito en el Chaltén.


Alejandro, un amigo de Punta Arenas y yo. Al fondo se ve el Fitz Roy.


Las dos parejas en la laguna capri. Al fondo, nuevamente el Fitz Roy.


La brujis con equipo full.


Brujis y yo en el mirador del cerro torre. Es un poco menos de la mitad del camino de ida de nuestro raid de 22 km. Nótese la lluvia y la cara de sufrimiento 😀


Un momento sin lluvia, en un bosquecito.


Admirando el paisaje en otro mirador.


Cuando llegamos a la meta del raid de 22 km. O sea, ahí hicimos 11. Almuerzo y volver.


Vista de la brujis con la pareja amiga.


Quién necesita platos cuando tienes tachos.


En el mirador de los cóndores.


Otra del mirador de los cóndores, en patota.


Casi botados en la pampa argentina, esperando que pasar a un bus para volver a Chile.


La brujis en el Perito Moreno. Ahora hicimos el paseo en barco y no fuimos a las pasarelas.


Capeando la ventolera y el frio en el campamento base, con vino argentino.

Breve guía actualizada

Me puse a actualizar la Breve guía de blogs chilenos, revisando cuales links estaban muertos o qué blogs no se movían desde el 2006 para atrás. Y llegué hasta la letra G… consume mucho tiempo. Otro día seguiré con el resto.

Uso creativo del lenguaje

Miren la joyita que encontré en el innombrable. El destacado en negritas es mío:

Una vez que el fiscal y la policía se retiró del lugar, se dio la orden para liberar el departamento de la mujer. El recinto será entregado a sus familiares en las próximas horas, luego de que sea desinfectado para sopesar la pestilencia que aún hay en el lugar.

En esta época veraniega se notan más estas licencias y usos creativos del lenguaje. ¿Quién habrá escrito esa parte? ¿C. Gallegos o L. Ayala?

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