Épica

Esta entrada es la parte 7 de 11 en la serie Yo y yo mismo

Hace unos días reflexionaba con un compañero de oficina que estamos faltos de épica. Recordaba el triunfo del no en el 88 y cómo vivíamos en aquellos días, y épica es la palabra que me viene a la mente. Tiempos en los que te jugabas el cuello, donde era fácil distinguir, pues las cosas eran blancas o negras, sin grises intermedios. Pero en estos años de transición la cosa se ha vuelto una mera administración, los límites se difuminaron, el sentido se perdió y todos (o la gran mayoría) fuimos devorados por el capitalismo in extremis, reduciéndonos al papel de homo consumidor. Ya no hay lazos, las organizaciones sociales fueron desperdigadas, cada uno se encerró en su metro cuadrado y entramos de lleno al proceso globalizador que nos tiene mirando aterrados las noticias de la tele, sin atrevernos a poner un pie en la calle por miedo. El mismo proceso que hace que sea mejor ser activista en facebook, adhiriendo a grupos que no aportan nada pero nos dan la sensación de “hacer algo”.

Y en eso estaba, tirando mierda con ventilador y lamentándome de que yo mismo no me escapo para nada de esto, cuando algo me remeció: la épica no está perdida. Sólo cambió de foco. En palabras de la brujis “ahora es interior”. Y sí, tiene mucho de eso.

La épica que yo conocí y que tanto añoraba fue sólo una pequeña escaramuza en una guerra mas grande. Seguro, fue importante, pero no deja de ser casi anecdótica. La verdadera guerra, aquella donde no sólo nos jugamos el cuello sino que mucho mas (para aquellos que sabemos que la cosa no termina aquí, y no me refiero a niñerías como el cielo y el infierno) está siendo peleada día a día. Camuflada, pero no por ello menos letal. Fuerzas mas grandes que la CNI y la DINA están en movimiento, en un campo de batalla gigantesco, pero que al final se libra en cada uno de nosotros. Sí, dentro de nosotros. La batalla por despertar, por abrir los ojos, por no conformarnos con ser simples ovejas y vacas que van al matadero. Por terminar nuestra vida de forma impecable, en un último destello de efímera gloria, con la satisfacción de haber vivido y no simplemente sobrevivir arrastrando los pies.

La épica del día a día, donde cada decisión es el resultado de una batalla contigo mismo y la matriz. Donde asumo las consecuencias de mis actos, donde concientemente hago las cosas, dejando a un lado las modas, las convenciones, y todo aquello que te distrae de vivir. Las batallas diarias contra la inercia, con el vegetar, con el quedarte tranquilo en la ignorancia, haciéndote el leso de lo que sucede, de las implicaciones, de que cada acto repercute en el todo. Pelear contra la ignorancia y el sueño, contra la vanidad intelectual y el materialismo vacío. Luchar contra tí mismo, y emerger como alguien que ha atisbado que las cosas son mas de lo que aparentan, y aún así, vivir impecablemente con ese conocimiento.

La épica no se ha perdido. El extraviado era yo. Y ahora es el momento del luchar para no volver a perderme.

Otros artículos en la serie<< Vivir de los recuerdosEl sídrome de Epimeteo II: las armas divinas. >>

2 comentarios en “Épica”

  1. Estos últimos años han sido los más épicos de toda mi vida… y más que lucha diaria, ha sido un descubrimiento diario, y un camino sin retorno hacia el amor más grande de todos: hacia mí misma, hacia descubrir la totalidad de mí misma.
    Con toooooooooooodo lo que eso implica…

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