Jotero al acecho

Estuve leyendo un post de la señorita Lee referente a una subclase del género masculino: los jotes. Y si bien es un excelente post, no dejo de pensar también en el otro lado: Los pobres aves en busca de una mina.
Los hombres somos medios bobalicones, y por cada tipo de buena pinta que se las sabe todas y engrupe a mujeres con sólo mirarlas, hay 300 que no saben cómo iniciar una conversación. Y eso es más que cierto cuando se está en la adolescencia o en la juventud.
Recuerdo cuando tenía 14 años... puchas que costaba hablarle a aquella minita que te quitaba el sueño. Acercarse, no parecer estúpido, no ser demasiado condescendiente, y lo más importante: no permitir que abusara de tí.
Porque es cierto: una mujer que ve a un tipo que se arrastra tras ella, que la mira como si fuera el sol tras la oscuridad del invierno, no lo va a querer como pareja. Es muy mamón. A ellas les gustan difíciles, misteriosos, indiferentes, que las hagan sufrir. ¿El otro? Un suche, que haga los mandados y aquellas tareas tediosas o desagradables... o que actúe como banco personal.
Ah, cómo no recordar aquella frase: "te quiero como amigo". Sentencia de muerte, porque el amigo será el que mejor la entienda, que siempre esté ahí, pero es imposible que cambie de categoría y sea un potencial "mino".
Antes pensaba que eso era típico de minas adolescentes e inmaduras. Y aún lo creo. Pero no es exclusivo de un rango etáreo. He conocido señoras de las cuatro décadas que son así... y no tienen visos de cambiar.
Son las mismas que después lloran porque "todos los hombres buenos están casados o son gays". O que tras un tiempo ven al "amigo" feliz con otra mina y les bajan los ataques de celo y remordimiento por haber dejado escapar a aquel buen partido.
Complejo asunto. Porque también tengo amigos que son jotes del porte de un buque, y a los que mandaría de paseo en menos de lo que canta un gallo si fuera mina.
Pero, y este es un tip para las féminas, un jote es lo que es porque no conoce otra forma de relacionarse. Es tan inpeto que no cacha que las cosas pueden ir por otro camino. Pero, en sí, no son malos. Torpes quizás. Infantiles tal vez. Incluso pueden ser estúpidos. Pero por favor, no les bajen más la estima con cortes pesados. Traten de ser diplomáticas. Los rechazos seguidos profundizan el joterismo.

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