Ayer fue el cumpleaños de un compañero de oficina. Cumplió 30. Y como es tradición en la empresa, nos fuimos en patota a almorzar para celebrar.
Mientras caminábamos al restaurant, con un amigo conversábamos sobre el cumplir años y las metas personales. Él me decía que cumplir 40 debía ser terrible, que consideraba que lo que no habías logrado entre los 30 y los 40, ya no se podía hacer después (referente al éxito económico).
Complicada la cosa. Esto de ponerse metas. O más bien, esto de esperar tener y tener. "Lo malo es que cualquier cosa de desarrollo personal redunda en la parte económica", me decía. Y no creo que sea tan así.
O sea, yo no necesito dos casas para considerarme exitoso. Tampoco el tener un auto (o más). Sí, quiero tener plata para vivir tranquilo, sin deberle un peso a nadie y poder darme mis gustos, pero en ningún caso el hacerme millonario es una prioridad en mi vida.
Creo que en el balance de mi vida, lo que más pesa es el desarrollo interno, el conocer, el compartir, el enseñar, el aprender. Mi balance de los 30 fue positivo porque formé gente, porque dejé mi huella en unas cuantas personas, y fue algo bueno. Participé en política, luché por cosas en las que creí, me titulé, me independicé, formé mi familia, la pasé bien, la pasé mal, y en suma fueron 30 años grandiosos.
Y ahora, como que recién se me abre una puerta y veo lo que viene. ¿Qué quiero hacer ahora? desde finales de los 29 hasta ahora, es la pregunta que me viene rondando. ¿Qué hacer? ¿Qué lograr? ¿Qué desafío vale la pena? Sé que no pasa por la vida laboral ni por ganar millones. Eso es un pelo de la cola y llegará solo (el dinero para vivir y pasarlo bien).
Es la pregunta en la que he estado dándome vueltas por bastante tiempo... es una molestia que está ahí, escondida, acechando, que salta cada vez que sale un tema remotamente relacionado.
Bueno, habrá que seguir en ello.
30 años
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