¿Quién nos controla?

Vivimos en una sociedad donde la información juega un rol vital. Pero el papel que juegan los medios de comunicación deja bastante que desear, sobre todo si tomamos en cuenta que la atención y el foco de su escrutinio está en la chimuchina de las declaraciones, peleas, dimes y diretes de los famosillos de primera, segunda y tercera fila. Es tanto más importante que Yamna Lobos diga que el sexo casual es bueno que el escándalo de instituciones que son juez y parte sobre los que deben pagar a los chilenos enfermos (me refiero a las isapres, por si no se dieron cuenta).
Pero aún más, la liviandad con la que se tocan los temas y la nula tribuna a cosas que pueden definir el tipo de sociedad que queremos contribuyen a que tengamos una sociedad adormilada y anestesiada.

Cuando indiscriminadamente lo privado se hace público, lo público se hace privado (secreto, cerrado, oscuro). Cuando el foco de la atención se centra en el individuo y sus actos privados, se vuelve objeto de vigilancia, mientras lo público, la administración pública, el Estado, se vuelve invisible, simplemente porque la atención no se centra sobre él.

Eso es lo que sucede en las democracias modernas que siguen el esquema norteamericano. Cuando se leen los diarios de la época de la independencia, las noticias casi no existían. Pero sí había un rico debate intelectual sobre el país, el enfrentamiento de ideas. Con ese mirar hacia adelante imaginando el futuro, para actuar en el presente pensando en las generaciones venideras, se construyó un país. Y hoy, con el mirarnos las pelusas del obmligo, no contribuimos precisamente a que las cosas mejoren, a que haya más justicia social, ni nada por el estilo.
Los medios han sacado la vida privada de los famosillos al tablero, mostrando que los bellos y famosos también sufren, para deleite de las masas que ven que sus vidas no son tan miserables, pues si alguien que lo tiene todo no puede ser feliz... entonces hay que resignarse, e incluso ser agradecido de su situación actual.
Pero esa banalización de la prensa, de lo que es noticia y de lo que importa ha traido como coletazo el cerrar el foco de atención y desviarlo de las cosas que realmente influyen en la calidad de vidad de la gente: el estado, la justicia, los oligopolios. Como si fuera parte de un plan orquestado, los medios han decidido jugar con las reglas cuantitativas y decidir sus contenidos con el criterio de qué vende más, en lugar de educar, provocar y hacer pensar.
Y nuestra sociedad chilena premia a los alumnos aplicados, comprandolos o financiándolos, y castigando con el látigo de la indiferencia (y de la escasa entrada de recursos) a quienes tratan de sacar la cabeza del agua y hacernos pensar.
Pero bueno, no hay que echarle la culpa a gente que tiene poco poder de compra. Gran parte de la culpa la tienen aquellos que tienen el poder de decidir hacia dónde van los recursos. Y tambien, por qué negarlo, la tienen los mismos equipos que araman estos proyectos. Un ejemplo: el diario "plan B" tuvo en algún momento un ofrecimiento de financiamiento por parte de una entidad con poder. Pero ellos no quisieron tomarlo porque comprometería su independencia. Según yo, fue una pésima decisión. Mejor tomar la plata y seguir dándoles como caja. ¿Por qué el recibir el dinero va a significar comprar mi lealtad? No pos mijo. No. La plata, en ese caso, sirve para financiar, pero yo me mantengo en mi misma línea. Y si quieres quitármela, allá tú. pero mi conciencia y mi pluma no se va a vender.
Y todo esto sigue con la idea de que el concentrarse en estas cosas chicas, distraen la atención del gran elefante blanco que tenemos frente a nuestras narices. El elefante de la concentración del dinero y del poder, donde un grupo reducido de familias maneja los hilos del país, y a nivel global, donde un grupo de "personas" mueven al mundo.
Uno se pregunta ¿Cómo puede ser? ¿Cómo nadie alega? ¿Cómo gente que se supone culta e informada no se da cuenta? ¿Cómo cualquier mención provoca la reacción de "eres paranoico"?
La historia nos enseña que las más grandes barrabasadas se han cometido sin que nadie moviera un pelo porque era tan impactante que on se dieron cuenta. prefirieron mirar para el lado que hacer algo. Demasiado encima. Demasiado cegados.
Reivindico, por lo menos, el derecho a gritar y patalear.

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