Caminábamos con la brujis de vuelta a casa tras la celebración por la victoria de la concertación. Ibamos junto a miles de personas, por la alameda, desde estado, pasando por el cerro santa lucía, la universidad católica, el diego portales, hasta llegar a plaza italia. Y la fiesta era espontánea. Mucha gente, muchas mujeres, muchos niños, muchas familias. Globos, challas, bailes y saltos, autos bocinenando, banderas ondeando... y veía la alameda de bote a bote llena de esta colorida multitud alegre, pensando para mis adentros que me encanta ver esto.
Pero a lo que iba este post. Lo más lindo de ver esto es que ya no es una novedad. Es algo que se está afirmando y haciendo común. En menos de un mes hemos tenido la fiesta de año nuevo (alameda copada), la concentración de Bachelet (alameda copada), la Love Parade (alameda copada), el triunfo de Bachelet (alameda copada)... es decir, cada vez más se están tomando los espacios públicos. Todo esto es parte de un cambio social que raya en lo espiritual. Insisto que con el tunickazo algo en la psiquis colectiva nacional se rompió. Una especie de cadena hizo crack, y muchas cosas comenzaron a cambiar. Desde entonces hemos tenido divorcio, pastilla del día después, en general un clima de más apertura. Y me da la impresión que lo que está sucediendo hoy y que Bachelet sea presidenta, es otra manifestación de esta transformación.
"Más temprano que tarde se abrirán las grandes alamedas...", dijo un personaje histórico. Y cada vez parece que estamos más cerca de ese día. No sé si habrá un cambio político, pero si intuyo uno más profundo: uno del espíritu.
Crack espiritual
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