Ayer cumplí 32 años. Y la vorágine de las cosas por hacer, las visitas, el mundo, han impedido que me haga un tiempo para reflexionar sobre mi vida. Y no es que ahora tenga el tiempo (todo lo contrario), pero creo que vale la pena hacer un alto y mirar el camino en perspectiva.
Cuando cumplí los 30 no pasé por la crisis. La viví antes. El cuestionamiento de si acaso había logrado algo. Y el balance fue positivo: una familia, una carrera, trabajo, había formado personas y disfrutado de todo lo que había hecho hasta el momento. Incluso había una sensación de "¿y ahora qué?".
El año pasado la cosa cambió un tanto. Me sentía inquieto, desperdiciado. Traté de hacer algo al respecto, pensando que mi vocación social estaba resentida y que debía hacer algo al respecto. Por eso fundé el proyecto "promesas.cl". Pero su fracaso por la falta de interés social me hundió en más cavilaciones y evaluaciones.
Este año mi perspectiva a cambiado bastante. Estoy dando un paso al lado respecto a lo social para concentrarme en mi desarrollo personal. He descubierto cosas que intuía existían, y que he buscado desde los 16 años. Se me ha abierto un mundo... y en ese sentido, creo que el balance nuevamente es positivo.
Claro, no todo es color de rosa. Me rompo la cabeza buscando formas de canalizar el cuento de forma que me dé de comer (lo que hago actualmente no me llena de ninguna forma, pero me permite estar cómodo), pero aún no doy con la respuesta.
Este blog, en lo que se ha convertido en los últimos meses, es un reflejo de lo que me sucede, mis intereses y los cambios que he experimentado. Y si juzgo por la cada vez menos cantidad de comentarios, me doy cuenta que estoy remando contra la corriente. Pero no importa. Siento que de alguna forma es útil, no importa si el rating no me acompaña. 
Balance
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