Leo con horror que el alcalde de Independencia declaró que Bachelet y lagos son hijos del diablo. Más allá de la estupidez demostrada por el honorable, me llama la atención el tema del uso de la religión en la campaña electoral. Y más allá de ello, la idea de que yo estoy en lo correcto y los demás son engendros del cachudo porque no lo están.
¿Qué concepto de Dios es el que tienen? ¿Cuál es el que inculcan las religiones? En numerosos posts le he dado vueltas al tema, y no deja de seguir sorprendiéndome que aún exista gente que cree que Dios es un viejito de barba blanca sentado en una nube.
La idea de un dios castigador, iracundo, que se complace cuando hacemos lo que quiere pero que se siente ofendido si hacemos algo en su contra, no pasa de ser una visión infantil y manipuladora. Claro, pues quienes propagan esa visión simplista son los que se benefician de ella: Hagan lo que digo, que es la palabra revelada, o arderán en el infierno. O sea, nuevamente, es un asunto de control. Control social, espiritual, mental. Yo tengo la razón y los demás son demonios, porque no piensan como yo. No son seres humanos, sino simulacros. Son instrumentos del diablo, asi que no merecen compasión, consideración ni nada. Matémoslos mejor. ¿no?
Tanta burrada junta no deja de impresionar. Sobre todo si ponemos las cosas en perspectiva. Ayer veía una película que no ha llegado a Chile, pero que circula por copias en dvd. Se llama What the bleep do we Know?, donde el "bleep" es el sonido de censura, pues originalmente se llama "What the fuck do we know?", o "Que CHUCHA sabemos?". En ella se mezcla la película y el documental, muy en el estilo de los documentales entretenidos del Discovery Channel (una descripción de la película en el link que dejé más arriba). Básicamente trata de cómo la mecánica cuántica pone el mundo patas arriba cuestionando la naturaleza misma de la realidad... y cómo por la misma explicación científica podemos influir en cómo vivimos y lo que nos rodea.
Un ejemplo práctico de esto está en el libro de Masaru Emoto, Mensajes del agua. Allí se muestran las fotografías de sus experimentos, que buscaban ver si las palabras y las emociones podían influir en el agua. Pueden ver algunas de las fotografías aquí.
Si tomamos en cuenta que el 90% 70% de nuestro cuerpo está compuesto de agua, y las palabras influyen en ella, tenemos que el estado de nuestro cuerpo puede ser influido directamente por el pensamiento y las palabras. Algo que ya había dicho en un post anterior, respecto al ADN, además de todas las disquisiciones acerca del tiempo, el espacio y la teoría del caos que han llenado este blog en los últimos meses.
La cosa es que ahora hay una base científica para todas estas intuiciones y elucubraciones. Estamos interconectados, somos uno, la realidad es ilusoria pues depende de nuestra configuración interna, la materia básicamente está vacía, los electrones y los nucleos de los átomos saltan apareciendo/desapareciendo de nuestra realidad, por lo que en realidad nada está verdaderamente aquí ni ahora... y que al parecer lo único real sería la conciencia que amolda y recrea.
Las implicaciones son monstruosas. Pero para muchos, al parecer, es más cómodo creer en el orden de los cielos, la tierra y el infierno, aferrarse a la seguridad de la santidad y razón absoluta de la palabra de los vicarios de Dios en la tierra y no hacerse preguntas que pueden destruir sus certezas.
Bueno, con los fósiles se hace petroleo.. asi que supongo que alguna utilidad tendrán.
Atrás pecadores!
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